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1.11.10

La muerte que no mata

Hernán Álvarez,
periodista



Cuando Cristina Fernández decidió velar a Néstor Kirchner en la Casa Rosada (y por 48 horas), quedó claro que su futuro político es la lucha por el poder, lo que se traduce en heredar inmediatamente el liderazgo de la política y lo político. Buscará su reelección en 2011 sin rivales internos, será el eje de las discusiones centrales del Partido Justicialista, seguirá siendo la principal protagonista de las noticias oficiales y la principal fuente para los medios de comunicación. De lo contrario, hubiese velado a su marido con un reducido entorno de amigos y familiares. El significado del funeral fue la construcción política del pueblo y, por lo tanto, del poder.
El funeral de Kirchner se convirtió en un acto político masivo y popular por excelencia. Fue un proceso en el que se identificaron marcas clave de un pensamiento que se mostró políticamente organizado: las imágenes del pueblo que lloró a su líder, el líder muerto e inmortalizado por el pueblo, su heredera de pie y el pueblo, a su lado, que le advirtió que debe continuar el proyecto que gobierna para el pueblo.
En el funeral de Kirchner, la palabra clave fue pueblo: los mozos de la Rosada llorando, la mujer que confiesa haber vivido de la basura en 2003, el barítono improvisando el Ave María, la viuda que abraza a la anciana que la moja en lágrimas, los jóvenes, Maradona, Batista, todo el PJ, presidentes del continente, sindicalistas, más jóvenes, niños en andas, las Abuelas, las Madres, los actores, el industrial, el comerciante, el docente, el político y el intelectual. Todas esas presencias en el ritual cristiano representaron una clara configuración de poder, donde no hubo espacio para la duda, el desconcierto, la incertidumbre o las medias tintas.
El funeral fue un discurso unánime y homogéneo, consistente en razones y pasiones, y quedó claro que ése fue el discurso que dominó en una semiósfera donde los aparatos ideológicos del pueblo parecen haber ganado el terreno de la lucha por la imposición de ideas. La idea que el funeral político impuso es la de un gobierno firme, organizado y respaldado, con fervor popular, en una conjunción ideal de razones y pasiones que explican tan explícito apoyo. Una idea de firmeza reelaborada en el conjunto social.
La de Kirchner es la muerte que no mata, porque hizo brotar esa efervescencia popular que no se veía desde los tiempos de Perón y Evita en Argentina. Qué casualidad: otra vez el peronismo construyendo líderes y reviviendo pasiones populares pesar de la muerte.
El funeral de Néstor Kirchner fue una clara demostración de poder, en un proceso complejo en el que Cristina se anticipó a los que, minutos después de la muerte de su esposo, creían haberse anticipado para ganar el terreno de la llamada opinión pública. Como de costumbre, sin mediar respeto ni pudor, los voceros de esa pequeña clase social (la oligarquía, según la historia) pretendieron anticiparse con actitudes perversas que destilaron el espíritu golpista de siempre de la derecha. El caso de Rosendo Fraga es un ejemplo que resume todo: la derecha creyó que podría haber metido a la opinión pública en un estado de shock, de incertidumbre y desconcierto tras la muerte del líder. A menos de dos horas de confirmarse el fallecimiento, Fraga publicó una nota en el diario de los Mitre. Pero ese texto destituyente quedó de inmediato en el tacho de los ridículos cuando el funeral demostró ganar la escena de las interpretaciones sociales.
Esta vez, el discurso dominante de la derecha no pudo dominar y murió en su intento. Sus aparatos ideológicos fracasaron cuando quisieron mostrar un gobierno que se caía rápidamente tras la muerte del líder, como si ese liderazgo no tuviese herederos.
El desafío del Gobierno será mantenerse apegado al concepto de pueblo y seguir demostrando el fracaso de los intentos destituyentes. Será difícil porque la política es lucha y conflicto, un ir y venir de marchas y contramarchas (acaso causas y azares), todo lo contrario al pensamiento de la derecha, que cree que lo difícil es imposible.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buen artículo, muy interesante

María de los Ángeles dijo...

Muy acertado análisis Hernán. Un abrazo

Anónimo dijo...

Ya había leído este artículo y me pareció muy interesante. Hoy lo volví a leer y lo primero que vino a mi mente fue: "uéeee!!! pobre Fraga!!!"

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